08 junio 2013

Illuminatus! Trilogy: H.P. Lovecraft

A continuación otro extracto de esta magna obra en la que Lovecraft aparece como personaje:





“Por supuesto, no tengo problemas en hablar sobre ello”, dijo Lovecraft, luego de acomodarse junto a Drake en su viejo estudio repleto de libros, mientras la Sra. Gamhill les servía el té. “Más allá de lo que crea su amigo de Zurich, soy y siempre he sido estrictamente materialista”.

“¿Pero ha estado en contacto con esa gente?”.

“Oh, ciertamente, y vaya que son un grupo absurdo, todos ellos. Todo comenzó luego de publicar una historia llamada ‘Dagon’ en... a ver... 1919. Yo había estado leyendo la Biblia y la descripción del dios filisteo del mar, Dagon, me hizo recordar las leyendas sobre serpientes marinas y los dinosaurios reconstruidos por los paleontólogos. Y tuve esta idea: suponga que Dagon fue real y no un dios, sino simplemente un ser longevo vagamente emparentado a los grandes saurios. Era solamente una historia para entretener a aquellos que disfrutan de la literatura extraña y gótica. Usted no puede imaginar mi estupor cuando varios grupos ocultistas comenzaron a contactarme, preguntándome a qué grupo pertenecía y de qué lado estaba. Todos se irritaron terriblemente cuando dejé perfectamente en claro que no creo en semejantes porquerías”.

“Pero, entonces,” dijo Drake perplejo, “¿Por qué continuó incorporando más y más ideas ocultistas en sus relatos posteriores?”.

“Soy un artista,” dijo Lovecraft, “un artista mediocre, me temo - y no me contradiga -. Valoro la honestidad por sobre todas las virtudes. Me gustaría creer en lo sobrenatural, en un mundo de justicia social, y en mi propio talento. Pero la razón manda, y yo acepto estos hechos: el mundo está hecho de materia ciega, los malvados y los fuertes siempre aplastarán a los débiles e inocentes, y yo poseo una capacidad bastante microscópica para crear un abanico minúsculo de efectos estéticos, todos macabros y limitados, que solamente atraen a una audiencia muy especial. Pero me gustaría que las cosas fuesen de otra manera. Por lo tanto, y a pesar de ser conservador, apoyo las leyes que pueden mejorar las condiciones de los pobres, y, a pesar de ser un escritor limitado, intento elevar el status de mi prosa lamentable. Los vampiros, los fantasmas, y los hombres lobos están pasados de moda; provocan más risa que terror. Consecuentemente, cuando comencé a aprender sobre el saber olvidado, antes de publicar ‘Dagon’, empecé a incorporarlo a mis historias. No imagina las horas que pasé con esos volúmenes antiguos en Miskatonic, discriminando entre toneladas de basura - Alhazred, Levi y Von Juntz eran verdaderos casos de manicomio, ¿Sabe? -, para sacar en limpio algunas nociones que fueran lo suficientemente ajenas como para causar un shock genuino, un estremecimiento verdadero en mis lectores”.



“¿Nunca recibió amenazas de esos grupos ocultistas por mencionar a Iok Sotot y a Cthulhu en sus cuentos?”.

“Solamente cuando mencioné Hali” dijo Lovecraft con una sonrisa torcida. “Un alma reflexiva me hizo recordar lo que le sucedió a Bierce cuando él escribió abiertamente sobre este tema. Pero fue una advertencia amistosa, no una amenaza. Sr. Drake: usted es banquero y un hombre de negocios, ¿Toma esto seriamente?”.

“Déjeme responder con una pregunta” dijo Drake cautelosamente. “¿Por qué, entre todo el saber esotérico que usted decidió hacer exotérico a través de sus cuentos, nunca mencionó la Ley de los Cincos?”.

“En efecto,” dijo Lovecraft, “doy varias pistas bastante obvias sobre ella en ‘En las Montañasde la Locura’ ¿Lo ha leído? Es uno de mis cuentos más largos, y, creo, el mejor hasta ahora”. Abruptamente, pareció ponerse más pálido.

“En ‘El Caso de Dexter Ward’, usted cita una fórmula de Historia de la Magia, de Eliphas Levi. Pero no la repite en forma completa, ¿Por qué?”.

Lovecraft dio un sorbo a su té, obviamente pensando su respuesta con cautela. Finalmente dijo “Uno no necesita creer en Santa Claus para saber que la gente intercambiará regalos en Navidad. Uno no necesita creer en Yog Sothoth, el Devorador de Almas, para adivinar cómo actuará la gente que sí cree en él. No es mi intención, en ninguno de mis escritos, la de proveer información que pueda llevar a un lector desquilibrado a intentar experimentos que puedan provocar la pérdida de una vida humana”.

Drake se puso de pié. “Vine a aprender,” dijo, “pero parece que mi única función posible es la de enseñar. Déjeme recordarle las palabras de Lao-Tsé: ‘Aquellos que hablan, no saben; y los que saben, no hablan’. La mayoría de los grupos ocultistas pertenecen al primer grupo. Pero aquellos que pertenecen al segundo, no deben ser tomados a la ligera. A usted le han dejado en paz porque sus relatos solamente aparecen en revistas destinadas a una pequeña minoría. Pero, últimamente, esas revistas han estado publicando historias sobre cohetes, reacciones nucleares en cadena, y otros temas que están a punto de ser consumados por la ciencia. Cuando esas fantasías comiencen a hacerse ciertas, lo cual probablemente ocurra dentro de una década, habrá un interés mucho mayor hacia esas publicaciones, y por lo tanto, hacia sus relatos. Entonces usted recibirá una atención no deseada”.



Lovecraft permaneció sentado. “Creo que sé a quiénes se refiere; yo también leo los diarios y hago deducciones. Aunque estén lo suficientemente locos como para intentarlo, no tienen los medios. Deberían haber tomado más de un gobierno para lograrlo. Y ese proyecto los mantendría demasiado ocupados, creo, como para preocuparse por unas cuantas líneas de unas historias publicadas como ficción. Creo que la próxima guerra producirá grandes avances en lo referente a la propulsión y a la energía nuclear, pero aún así dudo que eso lleve a la gente a considerar mis cuentos con más seriedad, o a ver conexiones entre ciertos rituales, que nunca he descrito explícitamente, y aquellos actos que serán considerados como los excesos normales del despotismo”.

“Buen día, señor” dijo Drake formalmente. “Debo partir hacia New York, y su bienestar no es un problema de mayor incumbencia en mi vida”.

“Buen día” dijo Lovecraft levantándose, con cortesía colonial. “Y, ya que usted se ha tomado la molestia de darme una advertencia, le devolveré el favor. No creo que su interés por esta gente esté basado en un deseo de oponerse a ellos, sino de servirles. Le ruego que recuerde la actitud de estos grupos hacia sus sirvientes”.

Nuevamente en la calle, Drake experimentó un abatimiento momentáneo. Hace casi veinte años que él viene escribiendo sobre ellos, y ellos no lo han contactado. Yo he estado sacudiendo el bote en dos continentes y no me han contactado ¿Qué hay que hacer para que asomen una mano? Si no llego a un entendimiento con ellos, todo lo que arregle con Maldonado y Capone estará escrito en el viento. Simplemente no puedo hacer tratos con la Mafia antes de tener un trato con ellos ¿Qué debo hacer? ¿Poner un aviso en el New York Times?: “Hey, Ojo que Todo lo Ve ¿Podría mirar en mi dirección? R. P. Drake, Boston”.

3 comentarios:

Raúl Peris dijo...

Joer, qué disfrutable lectura. Un poco raro ver a un Lovecraft tan decidido y respondón, dadas las biografías que tenemos de él, pero mola mil.

Paco-Ropa en Oferta dijo...

Si que es un divertimento atractivo, aunque ciertamente se han tomado muchas licencias para modificar el carácter y actitud de HPL.

Doctor Zayus dijo...

Bueno, puede que Lovecraft fuese más tímido en persona pero lo supongo amable con los fans. Creo que hizo rondas de conferencias y todo.

De lo que han mostrado de él en la novela, que se reduce a esta conversación allá por la página 300 y pico, veo que no se han ido mucho de los datos que tenemos: materialista alejado de supersticiones, conservador pero que apoyó a Roosevelt, poco dado a viajar pero atento con las visitas, y las dudas (fingidas o no) sobre su propio talento.